Lesiones, responsabilidad, control y equipamiento.

La esgrima histórica duele.

Esta obviedad, que se da en casi cualquier arte marcial, es algo en lo que hacemos hincapié cuando explicamos nuestro arte a interesados, iniciados y alumnos. Es consecuencia de varios factores, pero el más claro es que te van a golpear con una espada y, aunque no está afilada, sigue siendo una espada.

Cuando un alumno empieza a practicar no termina de asimilar el hecho de que puedan hacerle daño; lo sabe de forma teórica, pero no conoce cuánto puede doler ni dónde y, por supuesto, menos aún cómo evitarlo. Aquí es donde realmente empieza el desarrollo del tirador, recibe una amenaza y debe defenderse de ella con los medios de que dispone y los que se le proporcionen de ahí en adelante, mejorando su técnica, sus reflejos y su capacidad de prever a su contrincante.

Por supuesto es un aprendizaje doloroso y pueden ocurrir accidentes con lesiones más graves que las habituales “moraduras”; estos casos son los que hay que estudiar con más detenimiento y analizar qué factores han provocado la situación, de esta forma seguiremos avanzando y mejorando la seguridad en el asalto. En este artículo pretendo tratar sobre las causas de las lesiones más graves que suelen ocurrir en la esgrima histórica durante los asaltos libres, fuera de torneos y competiciones.

El primero de los factores que debemos atender es la falta de técnica y de conocimientos asimilados. A mayor experiencia, mayor capacidad de defensa ante situaciones peligrosas.

Otro factor que influye de forma muy importante en la gravedad de la lesión es el equipo, su calidad y su estado, y me refiero tanto a las protecciones como a las armas.

Una protección deficiente o insuficiente para el arma que se está practicando nos llevará tarde o temprano a una lesión; pero debemos entender que un exceso de protección nos hará más temerarios en la frase de armas, llevando a cabo acciones que no tendrían sentido por su riesgo vital en un asalto con armas reales.

Ocurre lo mismo con las armas. Por lo general trabajamos nuestra técnica en diferentes tipos de armas de filo, las cuales existen en muy diferentes calidades, materiales y tipologías. En los años que llevamos estudiando la esgrima histórica, hemos probado muchos de ellos y desechado casi la misma cantidad en la búsqueda del simulador más adecuado para aprender. Consideramos que un arma de entrenamiento tiene que parecerse lo más posible a su gemela histórica, pero siendo lo más segura posible para la integridad de los alumnos contra los que se use. Debe tener peso, longitud, equilibrio y distribución de masas consecuente a la par que debe tener el filo de un grosor mínimo, tanto este como la punta deben ser romos y ser lo suficientemente flexible en el tercio débil para doblarse y absorber energía en la estocada. En segundo plano se considera también el plano económico, debería ser durable y tener un precio justo para su calidad.

Por otro lado, y de la misma forma que ocurre con las protecciones, un simulador cuyas características difieran demasiado de las ideales, provocará que nos comportemos de forma irreal en el asalto, provocando también situaciones peligrosas.

La confianza excesiva, creernos invencibles o completamente protegidos, ya sea por nuestra capacidad técnica o las protecciones que llevamos puestas, puede hacernos pensar que no pueden hacernos daño, esto llevarnos a asumir riesgos innecesarios y una táctica mucho más agresiva que seguramente desemboque, no solo en un tocado, si no probablemente en daños serios.

Desde el principio aprendemos que lo principal, antes de intentar tocar a nuestro oponente, es que nuestra ejecución sea segura, de forma que no quepa el doble tocado o nos quedemos expuestos a una respuesta del contrincante; esto nos lleva a actuar con responsabilidad y sentido del peligro, actuar de otra forma solo nos llevará a situaciones irreales en las que no se pueden prever las consecuencias. Un ejemplo muy claro sería lanzarse contra nuestro oponente con un golpe, sin detenernos a apartar su arma y quedando empalados en su espada irremediablemente y por iniciativa propia.

Con una técnica correcta deberíamos ser capaces de superar a nuestro oponente y no sufrir heridas en el intento, este es el objetivo al aprender a usar una espada.

Otro factor que nos puede llevar a una lesión durante el asalto libre es que exista una gran diferencia de intensidad, velocidad y fuerza; ya sea por agotamiento, falta de experiencia o de capacidad física; entre ambos contendientes. Considero primordial definir estos valores antes de iniciar el combate y si no se cumplen, detener el asalto y descansar o incluso dejarlo para otro día y escoger a otra pareja para la práctica. Esto nos lleva a asumir, como se menciona en los tratados, que el camino para afrontar un duelo correctamente empieza por concentrarse, ser templado y más bien reservado. Sin duda cuando iniciamos un duelo, afrontamos una situación estresante tanto mental como físicamente; acelerarnos, enfurecernos o frustrarnos solamente jugara en nuestra contra. Hay que enfrentarse a la situación con todos los sentidos y la cabeza fría, de forma que podamos asumir el control del combate sin dificultades añadidas.

El control es, sin lugar a dudas, el factor más importante a la hora de sufrir o no un impacto y minimizar sus consecuencias, igualmente si el tocado lo damos nosotros. Debemos ser conscientes de que, a diferencia de la gente a la que estudiamos en los tratados, nosotros no buscamos matar a nadie, sino aprender, la persona que está frente a nosotros nos está ayudando en esta labor y la única idea que deberíamos tener clara en nuestra mente es la de reducir al mínimo el daño que le podamos hacer. Pero no solo debemos controlar cómo golpeamos o somos golpeados, tanto nuestros movimientos, posición, distancia y velocidad, como los del oponente, deben estar dentro de ese control, debemos ser conscientes de todas estas variables y actuar en consecuencia para realizar la mejor práctica que seamos capaces de ejecutar y minimizar los riesgos y los daños en el proceso.

Entendamos pues; que siendo importante la calidad y el buen estado del equipo que usemos durante el duelo, nuestra capacidad técnica, nuestra experiencia y nuestra actitud; lo indispensable para evitar gravedad en las lesiones durante la práctica de la esgrima histórica es que mantengamos el control de la situación y de las armas, y asumir la responsabilidad de lo ocurrido de forma correcta. De nada sirve devolver el dolor y la frustración a nuestro compañero tras haber recibido un golpe; ya ha ocurrido y debemos analizar cómo ha ocurrido y asumir nuestra parte de culpa, si hemos sido en exceso temerarios o no usábamos el equipo adecuado. De ésta forma podremos evitar que vuelva a ocurrir en el futuro.

Eduardo Alcubierre

Instructor – sala de armas El Batallador.

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3 Comments

  1. Hola, apenas hace unos meses me empece a interesar por la esgrima, habiendo leído el articulo publicado, me han surgido unas preguntas.
    Sabiendo que enseñáis, ¿Cuales son las lesiones mas comunes que habeis visto,y cuanto o en que se diferenciarían de las lesiones producidas en la época correspondiente al arte marcial que se este practicando ?
    Espero su respuesta
    Gracias de antemano
    Peloplata

    • Buenos días Pelopata,
      Perdona si no hemos respondido antes, el plug-in que nos alerta de los comentarios no debía estar activado.
      Respondiendo a tu pregunta, las lesiones más comunes dentro de lo leve son moraduras y contusiones; y un poco más grave fisuras óseas. Respecto a las lesiones que pudieran producirse en la época por el entrenamiento en el arte no tenemos ahora ningún dato.
      Un saludo.

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